Dolores Hidalgo
Ya para principios del siglo XVIII esta población representaba un importante polo de desarrollo para la región en lo económico y lo político.
En aquellos años, de la Hacienda de la Erre dependía una cadena de 99 Haciendas, por lo que el dominio de su territorio abarcaba gran parte de lo que hoy es el estado de Guanajuato, y en menor escala del de San Luis Potosí; algunas de las propiedades de los antiguos dueños de la Erre Son: la California, el Carmen, Rioyos, el Tajo, el Rincón, los Arcos, el Espejo, Trancas, Morillos, el Cubo, Santa Rosa, la Quemada, Fabrica de Melchor, Jaral, Gogorron y hasta Santa María del Río.
La cercanía entre el Pueblo de Dolores y la Hacienda de la Erre fue aprovechada por los dueños de tan extenso territorio para convertir la población en el centro de sus negocios.
Dolores al encontrase en la ruta del camino tierra adentro, paso obligado para quienes cruzaban el país en ambos sentidos, y al mismo tiempo ser el centro de negocios de los ricos hacendados de la Erre, significaba para los buscadores de fortuna un faro en el horizonte, al que no podían resistirse acudir.
En crónicas hechas por de viajeros del siglo XVIII, nos describen un pueblo de Dolores de pocas dimensiones, de calles bien trazadas, casas elegantes, con un ajetreo de gente como el que se podría ver el las grandes ciudades de la época.
El pequeño pueblo contaba con un teatro, además de sus plazas de gallos y de toros, los viajeros podían alojarse en los hoteles y en las varias posadas del lugar.
En la plaza, desde muy temprana hora, comenzaba el ir y venir de los viajeros que acudía al lugar en busca de alimentos, las fondas se veían repletas a cualquier hora del día.
Eran muchos los mesones que se podían encontrar en la población para el alojamiento de los viajeros.
Los más comunes eran los de tercera y segunda clase, pero no faltaban los de primera
Los de tercera, eran los de mas baja categoría y precio, regularmente su clientela estaba constituida por los indígenas, pero ocasionalmente podría verse hacer uso de estos lugares a uno que otro criollos caído en desgracia.
Los de segunda ofrecían algunas comodidades mas, tenían habitaciones semiprivadas, contaba con cocina y un espacio al que se podía denominar como comedor, además de que estos ya tenía un espacio designado como sanitario, su clientela era pobre, pero mas pudiente que la que se hospedaba en los de tercera.
Los de primera, sus clientes eran los comerciantes que recorrían los caminos al interior en busca de sus mercancías, hacendados y el alto clero.